El reloj no dará las 12

Adiós a una tradición italiana

Por Coqui Bracco

Especial para Extra

Si usted querido lector piensa por el título que esta nota refiere a las pastas del domingo, o al arte de discutir a los gritos por cuestiones tan triviales como si el control remoto se encuentra paralelo al borde de la mesa, se equivoca. Este texto refiere a la tradición italiana en los mundiales. “¿Y qué es eso?” se preguntará usted, querido lector. Pues ya le cuento.

Todo comienza en 1970, más precisamente el 17 de junio de 1970. Ese día se enfrentaron Italia y Alemania Occidental en una de las semifinales del Mundial de México 1970. Los espectadores del estadio Azteca de ese día (alrededor de 102.000 personas) poco imaginaban que estaban por atestiguar una verdadera fiesta del fútbol, que más tarde sería conocida como El Partido del Siglo.

Alemania buscaba revancha luego de haber sido derrotada por la local Inglaterra en la final del mundial anterior. Italia no sólo buscaba dejar atrás la flojísima performance de su mundial anterior (eliminados en 1ra ronda luego de una derrota inexplicable ante el ignoto seleccionado de Corea del Norte), sino que también buscaba revalidar la gloria del seleccionado italiano luego del controvertido bicampeonato de preguerra con la influencia del Duce Mussolini.

El choque entre ambos equipos fue un verdadero partido de ida y vuelta que mantuvo en vilo a sus espectadores. Italia consiguió una ventaja temprana que mantuvo durante la mayoría del partido, hasta que Alemania logró el empate en tiempo de descuento. Con el empate en 1, llegaría un alargue histórico. Alemania se pondría en ventaja gracias a Gerd Muller “el bombardero alemán”, el goleador del mundial. Dos goles azurros (Burgnich y Riva) volvían a poner a Italia arriba antes del final del primer alargue. Ya en el segundo alargue, Gerd Muller lograba una nueva paridad en el score al minuto 110. Sin embargo, mientras las cámaras de TV repetían el gol de Muller, Giani Rivera recibió la pelota sin marca en el área rival y sentenció el 4 a 3 definitivo. Italia volvía a jugar una final de Mundial después de treinta y dos años. Dato de color: todavía no se había establecido la definición por penales, es decir que si hubiese continuado la paridad hasta el final del segundo alargue, el partido se habría definido con el lanzamiento de una moneda.

El 21 de junio se jugó la gran final, Italia vs Brasil. La historia es conocida: la azzurra no pudo ser un rival digno para una de las encarnaciones más históricas del Scratch, aquella en la cual cuatro jugadores N° 10 conformaban la delantera, con O Rei Pelé como director de orquesta. El resultado final fue 4 a 1, Brasil alzaba la Copa Jules Rimet por tercera vez, la hazaña italiana encontraba su amargo final.

Sin embargo, habría revancha para Italia en la final de la Copa del Mundo. ¿Cuándo? Doce años después (recuerde ese número, querido lector), en el mundial de España de 1982. Una selección italiana que venía de alzarse con el cuarto puesto en nuestro mundial de 1978 y que no había podido ganar su grupo clasificatorio, apenas clasificada en segundo lugar detrás de Yugoslavia. Una selección italiana que había tenido un comienzo muy tibio en la fase de grupos (tres empates y apenas dos goles), se enfrentaba ahora en el triangular de segunda ronda (una modalidad de juego única del mundial ’82) con los dos grandes cucos sudamericanos, Argentina y Brasil.

En esa segunda fase comenzó a gestarse el campeón. Luego de un ajustado triunfo 2 a 1 contra Argentina, se enfrentaba contra Brasil por un lugar en semis. Tres goles de Paolo Rossi bastaron para derrotar a Brasil 3-2 y ganar el lugar entre los cuatro mejores. En la semifinal contra Polonia, dos goles más de Rossi ponían a Italia nuevamente en la final. Allí se rencontraba con Alemania Federal, su rival en el partido del siglo. Esta vez Italia triunfaría por 3 a 1, para así alzar la copa. Atrás quedaban los fantasmas de los dudosos títulos mundialistas de preguerra, Italia se había proclamado justo campeón de España 82, Paolo Rossi se llevaba el crédito doble de goleador y mejor jugador del torneo.

Sin embargo, Italia no pudo defender su título con dignidad en México ’86 (eliminada en octavos) y apenas si pudo lograr un tercer puesto en su Mundial del ’90, luego de perder la semifinal contra el equipo de unos tales Maradona, Caniggia, Goycochea y otros. La oportunidad de jugar otra final recién llegaría doce años después (recuerde ese número, se lo digo de nuevo) de aquel título en España, en el Mundial de EEUU ’94. Allí, luego de una derrota en su debut (1-0 contra la República de Irlanda) y apenas clasificar como mejor tercero en su zona de grupos, Italia otra vez comenzaría a crecer en segunda ronda. Se proclamaría vencedor por 2 a 1 de los tres partidos eliminatorios (Nigeria en Octavos, España en Cuartos, y la poderosa Bulgaria de Stoichkov en Semis) para acceder a una nueva final, otra vez con Brasil. La primera final de la historia de la copa sin goles después del alargue, la primera en definirse por penales. Allí, el histórico Roberto Baggio falló un penal definitorio, Italia volvía a perder la final de la copa del Mundo, otra vez con Brasil.

Pero Italia tendría una nueva revancha en la final mundialista, la cual  llegaría (¿ya adivinó, querido lector?) recién doce años después. Luego de una actuación digna en Francia ’98 (5° puesto, eliminada en cuartos por penales con el local) y una actuación decepcionante en Corea Japon ’02 (eliminada por el local Corea en octavos), Italia llegaba a Alemania ’06. Esta vez Italia ya no fue de menor a mayor. Con un equipo de cracks consolidados (Buffon, Pirlo, Del Piero, Totti, por nombrar algunos) Italia se proclamaría ganadora del grupo E de manera contundente, para luego dejar atrás a sus tres rivales de la zona eliminatoria sin conceder un solo gol, incluyendo un triunfo por 2 a 0 a la selección teutona en semis. Quizá la única nota obscura de esa campaña fue el partido de octavos ante Australia, en el cual Italia se impuso a través de un controvertido penal otorgado en el minuto 95 que Totti supo cambiar por gol. Ese equipo de cracks llegaba a la final con Francia, un rival poderoso. En un partido muy parejo, ambos equipos empataron en un gol, por lo cual otra vez los azurros definían una final de la copa por penales. En el alargue tuvo lugar uno de los hechos más famosos de la historia de la Copa: el cabezazo de Zidane a Materazzi, acaso el primer meme de la historia. Llegados los penales, esta vez la ¿suerte? estuvo del lado de los tanos, los 5 penales convertidos para derrotar por 5-3 a Francia y alzarse con su cuarta copa del mundo. Dato de color: en el mundial de Italia 90, los locales quedaron terceros y Alemania se llevó la copa. En Alemania ’06, los locales quedaron terceros e Italia se llevó la copa.

Y ahora, querido lector, es cuando tengo que interrumpir este relato. Porque usted y yo sabemos que en este Mundial de Rusia se cumplen otra vez los dichosos doce años en que Italia debería reclamar su lugar en la final del mundo. Pero sabemos que eso no va a poder ser. Porque Italia se quedó afuera, eliminada antes de la fase final por primera vez en 60 años.

 ¿Cómo sucedió esta tragedia? Solo hay que mirar los dos mundiales anteriores (Sudáfrica ‘10 y Brasil ‘14) en los cuales los azurros fueron eliminados en primera ronda luego de pobrísimas actuaciones. Entre medio de ambas copas, la disputa de la final de la Eurocopa ’12 en Polonia-Ucrania sirvió para pensar brevemente en un nuevo renacimiento de la Nazionale, pero solo fue un espejismo. La hora más obscura de la selección italiana llegó el 13 de Noviembre de 2017. En el San Siro, Italia fue incapaz de abrir el marcador ante su rival Suecia, y un triunfo en la ida de los suecos los dejaba afuera de la copa.

La semana pasada, de la mano de Conte y Balotelli, se dieron en partidos amistosos los primeros pasos de lo que será un largo proceso de reconstrucción, el retorno de la azzurra al panteón de las grandes potencias mundiales del futbol. Pero mientras tanto, Italia debe mirar este mundial desde afuera. Y así, en Rusia le decimos adiós a la tradición mundialista de Italia que comenzara en 1970, cuatro finales de la copa del mundo disputadas, dos ganadas y dos perdidas. Las cuatro, cada doce años. 

 

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