Cuatro almas inmortalizadas en el Otkrytie Arena

El estadio de los hermanos Starostin

Por Martín Raggio (@MusaPlateada)

La Selección Argentina disputará este sábado ante Islandia su primer partido en la vigésima primera Copa del Mundo y lo hará en el flamante estadio del Spartak, el gigante de Moscú. La cancha fue inaugurada en 2014 con una capacidad para unos 44.000 espectadores y costó 250 millones de dólares.

El FC Spartak de Moscú  es el club más ganador del fútbol ruso. Fundado el 18 de abril de 1922, aunque parezca mentira no ha tenido un recinto propio hasta la inauguración del Otkrytie Arena,  con el partido que disputó ante el Estrella Roja serbio, el 5 de septiembre de 2014.

Una enorme estatua custodia el predio en las afueras del estadio: es la de un Gladiador que hace referencia al hecho de que el Spartak lleva el nombre del esclavo rebelde romano Espartaco, aunque las verdaderas estatuas que identifican a la historia del Spartak son la de los hermanos Starostin.

Cuenta la historia que un caño mandó a Nikolai Starostin a Siberia. Fue en una cancha de Moscú, en un Spartak-Dinamo de los años veinte, los primeros de la Revolución Rusa que ya cumplió un siglo, según cuenta la anécdota que bien detalla La Izquierda Diario en un artículo.

Starostin jugaba para el Spartak, llamado “el equipo del pueblo”. El Dinamo era el club de los servicios secretos soviéticos. Ahí jugaba el tenebroso Lavrenti Beria, jefe de la policía y de la NKVD. Lo que se cuenta es que Starostin esa vez le metió un caño a Beria que lo dejó en ridiculo. Y que en ese preciso momento, Beria juró su venganza. A esas historias las alimenta el tiempo, probablemente,  pero es cierto que Starostin, veinte años después, terminó en el gulag acusado de planear un asesinato contra Joseph Stalin.

No sólo Nikolai Starostin jugaba en el Spartak: también lo hacían sus hermanos, Alexander, Andrei y Pyotr. Los hermanos Starostin eran, en suma, el Spartak.

Recién en 1953, con la muerte de Stalin, Starostin volvió a Moscú, una vez que declararon ilegales sus condenas. Se negó, al igual que sus hermanos, a trabajar para el Dinamo. “Somos el Spartak”, dijeron. Al tiempo, comenzó a dirigir a la selección nacional de la Unión Soviética. Y volvió al Spartak pero como presidente. Era ya 1955 y se mantuvo hasta 1992, cuando murió.

Y aunque Nikolai nunca conoció el recinto en el que debutará la albiceleste, los hermanos Starostin todavía permanecen juntos al costado del campo de juego del Otkrytie Arena, el estadio del Spartak. Sus estatuas los recuerdan.

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