Desilusión tras el 1-1 ante Islandia

Ni Messi pudo disimular un pálido debut

Por Rodrigo Márquez (@Rodri0403)

Ni bien el árbitro hizo sonar el silbatazo final, Messi definió en una acción el sabor de impotencia que le quedó a Argentina tras su debut en el Mundial de Rusia: revoleó un pelotazo al cielo, maldiciendo su suerte y la del equipo.

Es que el crack del Barcelona erró un penal que pudo significar tres puntos para la Selección y el desnivel del 1-1, que finalmente resultó inmodificable. Gusto desabrido para el primer paso, que en la previa rebosó de ilusión.

Los dirigidos por Jorge Sampaoli contaron con distintos pasajes en el juego, unos de mayor lucidez que otros, pero la regla general marcó que estuvieron escasos de variantes para encontrar la llave que abriera el cerrojo defensivo propuesto por el rival.

La pelota fue patrimonio de Argentina durante los 90 minutos y la clave radicó en cómo la utilizó. El juego horizontal reinó, con Biglia y Mascherano en la circulación, pero el atrevimiento, la desfachatez que rompe líneas, recayó en su totalidad sobre un Messi siempre custodiado.

La dupla central se superpuso y el conjunto nacional sintió la ausencia de un creador, ese socio indispensable que necesita “La Pulga” para exprimir sus cualidades. 

El gol de Agüero, a los 19 minutos y mediante un gesto técnico notable, de control primero y feroz media vuelta después, hizo ilusionar con una Selección despojada de ataduras. 

Islandia, sin embargo, encontró la igualdad rápido, a los 23, luego de un mar de dudas en la defensa “albiceleste”. Caballero falló en una salida, los centrales no pudieron rechazar y el desconcierto fue aprovechado por Finnbogason, quien capturó un rebote y la mandó al fondo del arco.

Argentina pasó a ser un equipo de aproximaciones, con dominio de balón y terreno pero carente de penetración por el medio y sorpresa por fuera. Algún remate del 10 o conexiones ocasionales entre él y Agüero fueron los chispazos que rompieron la monotonía y amenazaron la muralla del conjunto europeo.

En el complemento el combinado nacional trató de arrinconar a Islandia pero las luces ofensivas se le apagaron una y otra vez. El ingreso de Banega, para juntarse con Messi y darle mejor pie a la mitad, no modificó el tablero.

Cerca de los 20 el capitán de la Selección tuvo una oportunidad única de anotar el 2-1 y disimular el endeble funcionamiento. El crack del Barcelona se hizo cargo de un penal, eligió la derecha de Halldórsson pero hacia allí se arrojó éste, que no olvidará jamás ese instante en el que le dijo no a uno de los mejores de la historia.

La última carta de Sampaoli fue el ingreso de Pavón por el inexpresivo Di María. El delantero de Boca disputó los 15 minutos finales y aportó picante por la izquierda, con desbordes y centros, pero eso no resultó suficiente.

La llama del debut, que arrancó enardecida, fue perdiendo vitalidad hasta que se consumió con más pena que gloria. Lo bueno para Argentina es que sólo se trató de la primera función y aún le quedan dos paradas para recomponer su imagen. 

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