Bandera Bleu en el horizonte

Una pintura épica con el brillo de un marco rojo

Por Leo Timossi (@leotimossi)

Cuatro segundos. En el aire, entre el último beso del botín derecho de Gabriel Mercado a la Telstar 2018 hasta el choque letal sobre los cordones de Marcos Alberto Faustino Rojo pasaron cuatro segundos. ¿Cuántas cosas pueden pasar en cuatro segundos? ¿Cuántos universos pueden desarmarse? De repente, los labios de 40 millones, morados del frío, de la tensión, de confundirse entre insultos y halagos, se contraen en una mueca final. Caídos esos cuatros segundos, la historia puede ser cualquiera.

A lo mejor el centro del lateral derecho del Sevilla impacte en la cabeza del defensor de Nigeria. Tal vez la ejecución del otro lateral campeón del Estudiantes de Alejandro Sabella sea defectuosa. Sí eso sucede, en Argentina será un día triste como todos los demás. Messi dejará, en el transcurso de las horas, la cinta y la Selección, envuelto en un mar de reclamos de la manija que no pudo sostener en la segunda mitad. Maradona, desencajado en el palco, será otra vez señalado como la imagen de la mufa. Y Jorge Sampaoli, mamarracho, delincuente, volverá a Argentina ataviado con peluca 25 años después.

Pero en esos cuatros segundos, la moneda, por una vez, cae del lado de los buenos (¿somos los buenos?) y Rojo define con maestría, en un movimiento plástico, con la derecha, su pierna menos hábil. La pelota, ya en el fondo de la red, hace las veces de llave para abrir el cofre de angustias que habita en cuarenta millones de almas. Y los labios entonces, morados del frio, apretados de tensión, confundidos entre halagos e insultos, se separan para dejar salir el aullido más cargado de los últimos años. Todo eso, luego de un centro de Mercado. Tan solo cuatro segundos después.

Messi, el perfecto asesino 

Hablar de claves de triunfo en el marco de una victoria que tiene gusto a hazaña tiene mucho de pretencioso y muy poco de realista. Ganó bien Argentina, y lo hizo justamente, lo que no quiere decir que haya justificado desde la creación el resultado final de la jornada. El equipo de Sampaoli evidenció una notable mejoría desde la personalidad: con adecuadas o más discutibles herramientas, con pasajes de mayor circulación y otros de desconcierto maquillado por la enjundia, Argentina quiso la clasificación siempre y lo demostró en sus acciones.

Allí, justo en el ítem de las acusaciones más crueles, brilló Lionel Messi en la primera etapa. Como un soldado herido en su orgullo, “La Pulga” hizo de sí mismo lo que precisamente de él se esperaba: protagonismo. Y magia.

A los 14’, tras una asistencia premium de Ever Banega (co-estrella del primer tiempo), Messi ejecutó la máxima del perfecto asesino: detuvo el equilibrio de la pelota en dos tiempos (con el muslo primero, con su guante dáctilo después) y sin darle al arco una fugaz mirada de compasión, sentenció con la diestra lejos del arquero nigeriano.

El uno a cero le supo cómodo a los dirigidos por Sampaoli, que triangularon corto y profundizaron con los estiletazos de Banega. Messi pudo aumentar la cuenta, pero su ejecución de tiro libre reventó el palo.

Más tarde llegarían el gol de Nigeria (un penal entrecomillable, pero infantil), una correcta aplicación del VAR (no era penal de Marcos Rojo) y una lectura del partido de Sampaoli por primera vez en sintonía (ingresaron Pavón, Meza y Agüero, siempre con mirada agresiva).

En paralelo, Croacia ganaba, pero Argentina no lograba salir del pozo depresivo, de ese espeso clima oscuro en el que se acostumbró a caminar. Todo eso, claro, hasta esos benditos cuatro segundos. Tras el partido, los flashes se fueron para otro lado. Argentina ahora se enfrentará a Francia y su historia todavía no está del todo escrita. Su propia pericia indicará si lo de Nigeria fue apenas una página o el texto de contratapa.

Lo que está claro es que Messi se reivindicó con otra de sus pinturas mágicas. Tan solo hubo que agregarle apenas un marco rojo para que la épica obra se haga realidad. 

Casualidades mundialistas: Messi (2) y Rojo también habían sido los goleadores del último enfrentamiento entre Argentina y Nigeria. Fue 3-2 en 2014. Ahmed Musa había metido un doblete para las Águilas.

 

 

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