Argentina y un adiós prematuro

El talento francés sepultó la añoranza mundialista

Por: Rodrigo Marquez (@Rodri0403)

El trastabilleo terminó en caída. Argentina, que venía a los tumbos en el Mundial, clasificada con el último suspiro a octavos de final, quedó eliminada en dicha instancia a manos de Francia tras perder 4-3.

La fervorosa ilusión que despierta de la siesta cada cuatro años volvió a diluirse antes de lo previsto y esta vez con aroma a fin de ciclo: además del adiós confirmado de Mascherano, el de ayer pudo haber sido el último partido de varios jugadores con la celeste y blanca.

La despedida de Rusia tuvo la impronta que caracterizó a toda la estadía de la Selección en la copa del mundo. Un rendimiento colectivo inestable coexistente a un talento individual que mantuvo encendida la llama de la esperanza hasta que el juez decretó el final.

El combinado nacional pagó errores cometidos tanto dentro como fuera de la cancha. En este último ámbito puede citarse el caos institucional de la AFA, el pase de Sabella a Martino, de él a Bauza y de éste a Sampaoli. La ausencia de un proyecto sostenido en el tiempo.

En cuanto a lo futbolístico,  la defensa fue un punto en el que Argentina falló en cada una de sus presentaciones. Si bien el objetivo prioritario siempre apunta a explotar al máximo las condiciones de Messi, a cómo rodearlo, lo cierto es que la última línea nunca ofreció garantías.

Nueve goles en contra en cuatro partidos es mucho para un equipo que aspiraba a ser campeón del mundo. Francia se abusó de ese talón de Aquiles y con un Mbappé imparable, autor de dos tantos y víctima de un penal que capitalizó Griezmann, transformó cada contragolpe en un martirio.

La otra conquista gala fue una obra maestra del lateral Pavard y llegó en un momento favorable para Argentina, que había tomado ventaja de 2-1 con los tantos de Di María y Mercado.

Esa daga, aún con más de media hora por disputar, se llevó la última vida de la albiceleste. Significó un golpe insuperable y expuso otra de las falencias del equipo, esa vulnerabilidad cuando se enfrenta a una situación adversa.

Desde aquella sufrida clasificación en Quito, la fe se apoyó en un nombre y apellido: Lionel Messi. Por un lado, considerando el talento majestuoso del rosarino, la creencia tuvo sustento, pero por otro, dado que el fútbol se trata de un deporte colectivo e implica varias facetas, se asemejaba a una utopía.

Esa ambigua sensación se mantuvo ayer hasta el final, cuando Argentina a punto estuvo de conseguir un milagroso alargue mediante un disparo de Meza que no logró desviar con pericia Di María.

La dualidad fue lo que definió el camino del conjunto nacional. Durante todo momento se apoyó en la punta del iceberg, en su mejor jugador, pero se olvidó de la base, ese imprescindible trabajo que todo equipo necesita.

El fútbol, tan maravilloso por no atarse a ninguna regla, le dio una vida más al combinado nacional. Sin embargo, ante un oponente de mayor jerarquía la ilusión mundialista se retiró a su lecho, donde permanecerá dormitando por los próximos cuatro años. 

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