¿Quién ocupará el banco de la Selección?

El día después de Mañana

Por Leo Timossi (@leotimossi)

“Estás desorientao y no sabés que trole hay que tomar para seguir.” Cuando Roberto Goyeneche escribió Desencuentro en 1962, Jorge Sampaoli tenía dos años y daba sus primeros pasos siempre cerca de una pelota, cuentan sus vecinos de Casilda. Afecto al rock nacional, es probable que Sampaoli no haya escuchado muy seguido el viejo tango del recordado “Polaco”. Pero para su suerte –o no-, Callejeros (banda favorita del santafesino) reversionó esta canción en su disco Señales (2006), un tema cuyo fragmento inicial parece escrito precisamente para este momento del calvo entrenador .

Es que así se lo vio en la mañana del martes a Sampaoli, solo en un aeropuerto ruso, tomándose un avión de regreso hacia Argentina sin saber si realmente aquí se encuentra su destino. Ataviado con indumentaria de la Selección, el todavía entrenador albiceleste debía viajar con Claudio Tapia –presidente de la AFA-, algo que finalmente no sucedió. Recluido en Rusia, alejado del runrún del periodismo deportivo nacional, donde su cabeza es exhibida en una pica ni bien finalizó el partido ante Francia, Sampaoli sabe que tanto para la gente como para el propio “Chiqui” o Daniel Angelici –que no es el presidente de la AFA- su ciclo está terminado y que le buscan reemplazantes. Como pudo escuchar de la voz de Omar Mollo con sus auriculares en pleno vuelo: “y en ese desencuentro con la fe querés cruzar el mar, y no podés”.

Pero, mientras prestigiosas consultoras lo elevan como el culpable supremo de la eliminación argentina y como un “inútil” según el mapa de adjetivos de la misma encuestadora, Sampaoli quiere seguir y sabe que cuenta con no una –su elevada rescisión- sino varias cartas sobre la mesa. Ninguna, claro, es futbolística.

Una “Danza de nombres” que no conmueve

Si el lector es un habitúe consumidor del periodismo deportivo, habrá descubierto ya a esta altura que el (mal) ejercicio de la profesión termina volviéndose una repetición cíclica de lugares comunes y frases vacías que engloban en su mayoría más “momentos” que “conceptos”. “Danza de nombres” (¿se imaginan –Showmatch al margen- a una serie de candidatos a DT bailando en una ronda?) es el enésimo lugar común al que periodismo deportivo refiere para enumerar la lista de posibles sucesores de un entrenador, en este caso Sampaoli, quien continúa en el cargo. Del sentido común y de la investigación de la consultora antes mencionada, surge que Diego Pablo Simeone es el candidato “Nº 1” de los hinchas y –por lo bajo- de la mayoría de los dirigentes de AFA.

El “Cholo”, estandarte del Atlético de Madrid, fue sondeado en su momento por la ya olvidada Comisión Normalizadora de Armando Pérez y más tarde por el propio Tapia, aunque en ambos casos se excusó en su juventud para tomar nel timón de un barco que nació para hombres de su estirpe. Claro que, la fi ltración del audio donde se lo escuchaba conversando con Germán Burgos sobre la derrota ante Croacia cayó muy mal en AFA, porque fue tomada como una nada discreta declaración de intenciones.

Marcelo Gallardo, gurú de River, es otro nombre que seduce enViamonte y al propio “Muñeco” lo seduce dirigir, en un mediano plazo, la Selección a la que supo representar en dos mundiales. Claro que el contexto de desorden que reina en Ezeiza y las constantes críticas del DT “millonario” a la cúpula de la AFA –a la que identifi ca con Boca- lo depositan unos cuantos escalones más debajo de los posibles.

Ricardo Gareca, en tanto, es quien tendría el camino más allanado, ya que su contrato fi nalizó y se encuentra libre para negociar. ¿Sus avales? Los múltiples títulos obtenidos en Vélez y la construcción de una identidad que llevó a Perú
a un Mundial 32 años después. ¿La contra? Un supuesto perfi l conservador que lo emparenta con Edgardo Bauza, invitado a retirarse por la comisión directiva actual.

Mientras tanto, y con la licuadora encendida rebalsando nombres tan disimiles como los de Mauricio Pochettino, Diego Maradona –se ofreció en forma gratuita- o Josep Guardiola, Sampaoli aguarda en silencio. Sabe que cuenta con dos ventajas. La primera es que tiene a su favor una cláusula millonaria y antes de renunciar a eso, ofrecerá cierta resistencia. La segunda, y no menos importante, es que a muy pocos colegas hoy los seduciría ocupar la convulsionada silla eléctrica que dejaría él. 

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